Editorial

He asumido, recientemente, la jefatura de la División de Protección Pecuaria y, en este contexto, pienso que todo nuevo ciclo debe iniciarse, necesariamente, con una mirada retrospectiva de los avances alcanzados por la organización. En el SAG, éstos se observan en acciones como la consolidación de programas de prevención y control de enfermedades, el programa de trazabilidad sanitaria, el fortalecimiento de instrumentos de certificación e inspección de productos pecuarios, el creciente aumento de nuevos mercados de exportación para dichos productos, así como el programa de gestión de calidad y mejoramiento de los sistemas de información. Todo lo anterior, sin dudas, es el fruto del trabajo tesonero, sistemático y motivado del grupo humano adscrito a la estructura pecuaria del SAG.
Producto de este análisis retrospectivo se visualizan nuevos desafíos a corto y mediano plazo. En el corto plazo, la puesta en marcha del sistema de certificación electrónica para las exportaciones pecuarias es uno de los proyectos más perentorios, así como las responsabilidades que nacen de los acuerdos y convenios internacionales en los cuales Chile participa activamente. Sin dudas, la relación sector público - privado es un elemento que se continuará acrecentando en esta gestión.
A mediano plazo los desafíos que se presentan no son menores ya que, ante la disponibilidad de recursos, se requiere que se mejore su asignación desde el punto de vista operativo; ésta se debe realizar mediante una priorización objetiva, que incluya una mayor coordinación entre los diferentes niveles y las unidades operativas, en función de objetivos comunes y con una mayor eficiencia en su quehacer.
En el actual escenario de intercambio comercial cada vez más creciente, en el que Chile está trabajando para convertirse en una potencia exportadora en algunos rubros, es necesario que el estatus sanitario actual y su adecuada protección sean mejorados en forma continua por parte del Servicio. La constante presión de ingreso al país de diversos agentes de enfermedades emergentes, hace que se incrementen notoriamente los riesgos que eventualmente pueden afectar el estatus sanitario nacional. Ello impone la necesidad de estar preparados ante eventuales emergencias sanitarias mediante sistemas de alerta y respuesta temprana, así como de vigilancia sanitaria; también se requiere analizar el riesgo continuo y sistemático de lo que acontece en el mundo y en el país, en particular en lo que respecta a las acciones de intervención sanitaria para disminuir la prevalencia de enfermedades que cuentan con un programa de control, a fin de erradicarlas e iniciar el control de otras enfermedades.
Desde el punto de vista de la cadena productiva se requiere perfeccionar los instrumentos que en ella intervienen, especialmente en lo que se refiere a inocuidad de los productos, para entrar en una nueva etapa de reforzamiento de la autorregulación y fiscalización de la industria exportadora pecuaria nacional. También es inminente la definición de normativas que se enmarquen en las prácticas de bienestar animal.
En el orden interno, para este período que comienza se visualiza la consolidación del equipo pecuario, mediante la capitalización de la experiencia obtenida en los últimos años. No obstante, todo equipo requiere ajustes y adecuaciones en su estructura y funcionamiento, lo que se logrará a través del reforzamiento de las capacidades de gestión, relevando, además, el rol de los Encargados Regionales Pecuarios y sus respectivos equipos, como asesores de los directivos de las diferentes unidades de la División.
Esta nueva jefatura de la División se caracterizará por mantener una interacción directa con la estructura pecuaria a objeto de obtener su retroalimentación, sin perjuicio de los canales formales de comunicación. En este sentido, se privilegiará el estilo de trabajo basado en los logros de objetivos, con una preocupación especial por las personas y su entorno, potenciando las mejores capacidades y competencias hacia un proyecto común.
En este contexto, considero de especial importancia la divulgación de la información generada en los distintos proyectos y programas en ejecución en el ámbito nacional, lo que radica en dos aspectos: por un lado, dar a conocer los resultados de las labores que la institución realiza a los usuarios de los servicios que presta el SAG y, por otro, mantener un flujo de información entre los colegas del Servicio, a fin de fomentar el interés por el conocimiento de los diversos aspectos que se abordan en el ámbito pecuario en el SAG.
Para tales fines, actualmente disponemos de un valioso instrumento de divulgación: el Boletín Veterinario Oficial, BVO, centrado en la sanidad animal e inocuidad de los alimentos.
El BVO cuenta con registro ISSN, es de periodicidad semestral y se emiten eventualmente números especiales intermedios, como es este caso dedicado a influenza aviar; se distribuye a una lista de e-mails de más de 4.000 suscriptores, además de alrededor de 1.500 correos internos del SAG.
Invitamos a los colegas a enviarnos sus artículos, los que serán analizados por el Comité Editorial para determinar su pertinencia de publicación; éstos deben ceñirse a las pautas detalladas en “Instrucciones para los Autores”.
Claudio Ternicier González
Jefe de la División de Protección Pecuaria
Servicio Agrícola y Ganadero |
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